Una tradición romántica en San Valentín es dedicar un poema a tu persona amada, si no lo puedes escribir tú mismo, róbalo de uno de los mejores poetas de la época pasada, deja que Julio Cortazár guie tus palabras. UNSPLASH/ Ksenia Makagonova Una tradición romántica en San Valentín es dedicar un poema a tu persona amada, si no lo puedes escribir tú mismo, róbalo de uno de los mejores poetas de la época pasada, deja que Julio Cortazár guie tus palabras. UNSPLASH/ Ksenia Makagonova

6 poemas de Julio Cortazár que te aseguran el romance en San Valentín

Una tradición romántica en San Valentín es dedicar un poema a tu persona amada, si no lo puedes escribir tú mismo, róbalo de uno de los mejores poetas de la época pasada, deja que Julio Cortazár guie tus palabras

El día del amor y la amistad está por llegar, este próximo 14 de febrero celebramos San Valentín en varias partes del mundo, principalmente Latinoamérica, día donde se acostumbra compartir momentos especiales con nuestros seres queridos y regalar presentes románticos a nuestras parejas o amistades.

Sí todavía no sabes qué vas a regalar, o quieres un detalle extra que selle por completo el contrato de  enamoramiento con tu crush o amor platónico, el día de hoy te recomendamos los seis mejores poemas del escritor más famoso del momento.-

Si bien Julio Cortázar tuvo su auge en su momento más brillante como cuando publicó "Rayuela", su fama se fue mermando pero hoy a 40 años de su muerte se le vuelve a recordar.

Seis poemas de Julio Cortázar para dedicar en San Valentín:

Los amigos

En el tabaco, en el café, en el vino,

al borde de la noche se levantan

como esas voces que a lo lejos cantan

sin que se sepa qué, por el camino.

Livianamente hermanos del destino,

dióscuros, sombras pálidas, me espantan

las moscas de los hábitos, me aguantan

que siga a flote entre tanto remolino.

Los muertos hablan más pero al oído,

y los vivos son mano tibia y techo,

suma de lo ganado y lo perdido. 

Así un día en la barca de la sombra,

de tanta ausencia abrigará mi pecho

esta antigua ternura que los nombra.

El encubridor

Ese que sale de su país porque tiene miedo,

no sabe de qué,

miedo del queso con ratón,

de la cuerda entre los locos,

de la espuma en la sopa.

Entonces quiere cambiarse como una figurita,

el pelo que antes se alambraba

con gomina y espejo lo suelta en jopo,

se abre la camisa, muda de costumbres,

de vino, de idioma.

Se da cuenta, infeliz, que va tirando mejor,

y duerme a pata ancha.

Hasta de estilo cambia,

y tiene amigos que no saben su historia provinciana,

ridícula y casera...

Objetos perdidos

Por veredas de sueño y habitaciones sordas

tus rendidos veranos me aceleran con sus cantos

Una cifra vigilante y sigilosa

va por los arrabales llamándome y llamándome

pero qué falta, dime, en la tarjeta diminuta

donde están tu nombre, tu calle y tu desvelo

si la cifra se mezcla con las letras del sueño,

si solamente estás donde ya no te busco.

Una carta de amor

Todo lo que de vos quisiera/es tan poco en el fondo

porque en el fondo es todo

como un perro que pasa, una colina,

esas cosas de nada, cotidianas,

espiga y cabellera y dos terrones,

el olor de tu cuerpo,

lo que decís de cualquier cosa,

conmigo o contra mía, todo eso es tan poco

yo lo quiero de vos porque te quiero.

Que mires más allá de mí,

que me ames con violenta prescindencia/del mañana, que el grito

de tu entrega se estrelle

en la cara de un jefe de oficina.

y que el placer que juntos inventamos/sea otro signo de la libertad.

Esta ternura

Esta ternura y estas manos libres,/¿a quién darlas bajo el viento? Tanto arroz/para la zorra, y en medio del llamado/la ansiedad de esa puerta abierta para nadie.

Hicimos pan tan blanco/para bocas ya muertas que aceptaban/solamente una luna de colmillo, el té frío de la vela la alba.

Tocamos instrumentos para la ciega cólera/de sombras y sombreros olvidados. Nos quedamos
de sombras y sombreros olvidados. Nos quedamos con los presentes ordenados en una mesa inútil,/y fue preciso beber la sidra caliente/en la vergüenza de la medianoche.Entonces, ¿nadie quiere esto,/nadie?

Nocturno

Tengo esta noche las manos negras, el corazón sudado/como después de luchar hasta el olvido con los ciempiés del humo.

Todo ha quedado allá, las botellas, el barco,/no sé si me querían, y si esperaban verme.

En el diario tirado sobre la cama dice encuentros diplomáticos,/una sangría exploratoria lo batió alegremente en cuatro sets.

Un bosque altísimo rodea esta casa en el centro de la ciudad,/yo sé, siento que un ciego está muriéndose en las cercanías.

Mi mujer sube y baja una pequeña escalera/como un capitán de navío que desconfía de las estrellas...

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